Recuerdo
Dentro de la historia del flamenco, tenemos tres cantaores que, personalmente a mí, me conmueven de una manera muy especial.
No me estoy refiriendo a cómo decían el cante, puesto que de uno de ellos no conocemos ni su voz ni su forma de cantar, por ser anterior al invento del gramófono. De los dos restantes contamos con algunas grabaciones, escasas y que se prodigan poco.
Mi atracción se debe más bien, ciñéndome a lo poco que de ellos conozco, a su situación y forma de estar en la vida.
Se trata de Tío Luís el de la Juliana, Tía Anita La Piriñaca, y Manolito el de María.
Los cito por orden cronológico, ya que es esto únicamente lo que me los sitúa en un lugar u otro, sin que medie preferencia ni distinción alguna.
A los tres quiero dedicarles mi humilde recuerdo.

En su ir y venir cantaba y cantaba, y yo creo, que también entre cante y cante pregonaría su trabajo, como era lo habitual de la época.
Pensando en ello, he querido componerle este pregón, para que donde estés, tío Luís, te pido que lo cantes.
Pregónalo tío Luís, pregónalo:
Es de los Albarizones,
Llevo el agüita señoras,
Llevo el agüita señores,
Mocitas, mocitos, todos,
Es de los Albarizones,
Compradme, compradme el agüa,
Quita penas y dolores,
Compradme el agüita fresca,
Es de los Albarizones.

Cuando a tía Anita le preguntaban qué sentía al cantar, respondía: “Cuando canto a gusto, la boca me sabe a sangre”.
Tía Anita: Tu sentimiento encierra todo el ser del flamenco: “Cante que sangra”

Le preguntaron por qué cantaba y respondió: “ Porqué recuerdo lo que he vivido”
Manolito María, fuiste pobre pero grande. Tu grandeza estuvo por encima de la pobreza que te rodeaba.
Tío Luís, Tía Anita, Manolito María:
Habeis tenido muy poco, y nos habeis dado mucho. Nos habeis dejado vuestro cante. GRACIAS.